¿Acaso la
libertad es algo más que un deber autoimpuesto libremente?
Sí, tienes razón, es algo
que te impones libremente, pero no deja de ser un deber porque es una carga. Por ejemplo: cuando te
vuelves y miras tus “mejores” y “peores” decisiones ¿según qué las valoras?
¡Bingo! Según lo que han supuesto después en tu vida, eso que, no sé porqué,
llamamos consecuencias.
Está bien, si
no me crees optemos por otra pregunta: Si tienes que elegir entre disparar una
pistola o no, ¿qué decisión tomas?
La respuesta
suele ser: da lo mismo.
Pero ¿y si
tuvieses delante a un amigo? ¿Disparas o no? Evidentemente no, luego la
pregunta es: si a ti te daba lo mismo ¿Porqué ahora no? ¿No sigues siendo
libre? ¿Verdad que no dejas de ser libre por tomar la decisión de disparar?
Pues no porque después de ejercer esa “libertad” viene un hecho que ha causado
tu elección: una muerte.
Lo importante
no es tirar o no, sino matar o no, o lo que es lo mismo: lo importante no es la
elección sino lo que causa, es decir, lo importante no es la libertad sino su
consecuencia.
De ahí que no
puedes vivir sin elegir todos los días, de ahí que no te atrevas en este momento a apagar el
ordenador, meterte en tu habitación y pensar;
Sí, pensar, en
aquello para lo que estás en el mundo y no en lo que vas a hacer mañana, pensar,
en el fondo, en lo que has gastado tu vida y de qué te ha servido pero no
pensar un milisegundo y después soltar: ¡Este tío está loco¡ sino darle vueltas
hasta que digas a los cuatro vientos aquello en lo que de verdad quieres gastar
tu vida y sí, milagro, quieres ser feliz; Quieres más pero no todo, quieres
aquello que te causa dolor por el simple hecho de que libras a otro, quieres
vivir, por fin.
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