miércoles, 12 de junio de 2013


¿Acaso la libertad es algo más que un deber autoimpuesto libremente?


Sí, tienes razón, es algo que te impones libremente, pero no deja de ser un deber porque es una carga. Por ejemplo: cuando te vuelves y miras tus “mejores” y “peores” decisiones ¿según qué las valoras? ¡Bingo! Según lo que han supuesto después en tu vida, eso que, no sé porqué, llamamos consecuencias.

Está bien, si no me crees optemos por otra pregunta: Si tienes que elegir entre disparar una pistola o no, ¿qué decisión tomas?

La respuesta suele ser: da lo mismo.

Pero ¿y si tuvieses delante a un amigo? ¿Disparas o no? Evidentemente no, luego la pregunta es: si a ti te daba lo mismo ¿Porqué ahora no? ¿No sigues siendo libre? ¿Verdad que no dejas de ser libre por tomar la decisión de disparar? Pues no porque después de ejercer esa “libertad” viene un hecho que ha causado tu elección: una muerte.

Lo importante no es tirar o no, sino matar o no, o lo que es lo mismo: lo importante no es la elección sino lo que causa, es decir, lo importante no es la libertad sino su consecuencia.

De ahí que no puedes vivir sin elegir todos los días, de ahí que no te atrevas en este momento a apagar el ordenador, meterte en tu habitación y pensar;
Sí, pensar, en aquello para lo que estás en el mundo y no en lo que vas a hacer mañana, pensar, en el fondo, en lo que has gastado tu vida y de qué te ha servido pero no pensar un milisegundo y después soltar: ¡Este tío está loco¡ sino darle vueltas hasta que digas a los cuatro vientos aquello en lo que de verdad quieres gastar tu vida y sí, milagro, quieres ser feliz; Quieres más pero no todo, quieres aquello que te causa dolor por el simple hecho de que libras a otro, quieres vivir, por fin.

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