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Cuando comience el instituto volveré a ser un número.
Personalmente
he estado recordando esa frase desde hace tiempo porque refleja muy bien lo que
llevo tiempo dándole vueltas: ¿Porqué todo joven quiere ser distinto, no un
mediocre más, y le cuesta tanto? ¿Por qué ese miedo a ser distinto a pesar de
estar seguro de que así es feliz?
Esta
pregunta es interesante, y la causa de eso está en el famosísimo que dirán del que se leen comentarios
del estilo de: ¡Que le den al qué dirán! Y otros tantos.
Respecto
a esto, decía un psicólogo famoso que “nos pasamos la mitad de nuestra vida
construyendo nuestra imagen y la otra mitad defendiéndola ante los ataques de
los demás”.
Claro
y si a esa “imagen” que hemos creado y con la cual no somos felices no “le van”
ciertas cosas, que son las que de verdad nos hacen mejores, pero que nos
comemos la cabeza con ellas pensando qué opinión tendrán de mí si la hago,
tenemos un conflicto servido entre tu amor propio y tu felicidad.
He
aquí el quid de la cuestión si ser feliz o ser como los demás. Claro, el dilema
de todo adolescente es: ¿y no puedo ser feliz como los demás?
La
respuesta es Sí, siempre que ellos sean felices así (lo que no suele ocurrir) y
que tú seas feliz haciendo lo que ellos hacen; pero esta segunda no suele
cumplirse por la sencilla razón de que ellos viven infelices comiéndose el coco
intentando imitar al “jefe de la manada” para no quedar mal, mientras que este
“jefe” no hace mas que comerse el coco pensando como puede hacer para jamás
quedar mal ante nadie.
Luego
si ellos no son felices así (aunque no lo digan) ¡Cómo lo vas a ser tú como
ellos!
Mi solución es muy simple: siempre debes buscar la felicidad y no conformarte nunca con menos, porque solo te debe valer tu felicidad y no la “felicidad” de otros que se autoengañan, diciendo que la poseen, cuando no es así.
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